Los vehículos de movilidad personal (VMP), el paradigma de la evolución en las normas de tráfico y su aplicación en la ciudad de Tarragona.

El tráfico urbano ha distinguido jurídicamente las figuras del peatón y vehículo a motor. Asignando a cada uno el espacio natural que les corresponde, acera para el peatón y calzada para el vehículo. Es por ello por lo que, con esta distinción primaria nacieron las normas de tráfico como forma de regular un nuevo estatus jurídico en el sector de la movilidad urbana e interurbana.

Actualmente, existe una seria dicotomía entre lo que es peatón y lo que es vehículo, gracias a la aparición de un nuevo vehículo, el patinete eléctrico, o, como la Dirección General de Tráfico los define, los vehículos de movilidad personal (VMP). Aunque dentro de este abanico entran otros vehículos como los monopatines (hoverboard),monocicloseléctricos, entre otros.

Estos nuevos modelos de vehículos rompen con la tradicional visión de lo que entendemos como movilidad urbana y suponen un nuevo terreno para el legislador, por los conflictos que supone la nueva forma de entender de la circulación, por parte de los VMP, ya que esto genera nuevas normas y reglas que amparen los problemas derivados de su uso, que pueden derivar desde el riesgo a compartir espacio urbano entre el resto de los usuarios, la consideración técnica de estos vehículos y una nueva regulación que comprenda los avances tecnológicos de una sociedad dinámica y en constante evolución.

La Dirección General de Tráfico, por medio de su Instrucción 16/V-124, ha catalogado estos vehículos, expresando su consideración de vehículos diferenciándolos de la figura del peatón y a su vez, la imposibilidad de catalogarlos como vehículos de motor corrientes, debido a sus condiciones tanto técnicas como físicas, no pudiendo dejar a los VMP al nivel de coches, motocicletas y otros vehículos a motor corrientes.

En su criterio número segundo, la Dirección General de Tráfico por el momento faculta a los ayuntamientos a la autorización de circulación de estos vehículos por aceras, zonas peatonales, etc. Dejando pues, que la propia normativa municipal regule la circulación de estos vehículos.

Tarragona, ha demostrado ser, una ciudad en cierto modo cosmopolita abierta a las eventualidades constantes de los nuevos usos y formas de convivencia de las personas que la integran.

Una buena prueba de ello fue la celebración de los pasados Juegos del Mediterráneo en verano de 2018. Es por ello, que el ayuntamiento de la ciudad debe adecuarse a estas nuevas corrientes por lo que ha movilidad se refiere.

Actualmente, debemos admitir que figuras como la del patinete eléctrico y otros VMP, es algo compleja de regular y sin colaboración entre DGT y los ayuntamientos no se puede conseguir una legislación que permita tanto abarcar la problemática que estos vehículos pueden suponer, una seguridad jurídica que no impida penalizar y caer en la tentación de prohibir a los principales usuarios de estos vehículos y por último, una armonización basada en el consenso de los principales inconvenientes que puede suponer el uso de un VMP, como por ejemplo, establecer con un criterio que de respuesta al tránsito tanto de peatones como de otros vehículos.

La Ordenanza General de convivencia ciudadana y de los espacios públicos de Tarragona es la norma encargada de dar respuesta a las dudas que nos podemos plantear en primer lugar, aunque también debemos advertir que no con la solvencia que esperaríamos encontrar en un texto normativo, pues entendemos que como un cajón de sastre se limita a regular tímidamente ciertos aspectos de la movilidad interurbana de estos vehículos, así como otros, como pudieran ser las bicicletas.

Los puntos principales que extraemos de esta ordenanza, es que los VMP en la ciudad de Tarragona deberán transitar por las zonas reservadas, pero la pregunta es la siguiente, ¿existen zonas reservadas en Tarragona para la circulación de estos vehículos? La respuesta se la dejo a ustedes, pues suyas son las conclusiones.  En el caso de la circulación, se prohíbe expresamente la circulación por la calzada, dejando pues una excepción en la circulación por zonas reservadas a peatones, debiendo adecuar su velocidad a los mismos, lo cual supone una limitación en su uso, pues el usuario de un VMP se verá en muchos casos limitado por el tránsito abundante de peatones y, por tanto, obligado a circular a pie con el vehículo en mano, así como aquellas otras limitaciones que puedan suponer la alteración de la convivencia, ya sea con peatones y bienes públicos o privados que se encuentren en la calle.

Para finalizar, debemos advertir que ya está en curso y programada para verano de este mismo año, 2019, una nueva regulación por parte de la DGT, que permita abordar un poco de luz en tan opaco tema de discusión, aunque también debemos advertir, que la limitación de estos vehículos supone poner barreras a un infranqueable proceso de evolución tecnológica y medioambiental que es inevitable en pleno siglo XXI.

Autor alumno Derecho URV – Javier Cobacho Arjona

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